Héroes
A estas alturas de la película no debería ser tan increíble que veamos cómo un descerebrado que agrede a una chica en un tren es elevado a losaltares mediáticos. El villano convertido en héroe. El agresor resulta ser ahora víctima de un pasado tremebundo que - maldita sociedad, quémala es- le ha convertido en lo que es (si es que sabe lo que es,claro).

Hubo un rey llamado Midas, que tenía una maldición. Todo aquello que tocaba, se convertía en oro. Digo maldición, y no don,porque -curiosamente- Midas se murió de hambre. El oro luce, pero no alimenta, por mucho que intentes masticar una manzana o un muslo depollo áureo. Hoy día la televisión es como Midas (sí ya, StevenSpielberg también dicen que es el rey Midas, pero no le veo famélico). Ha cogido un subproducto de barrio periférico mal grabado en cámara deseguridad (al menos no es un móvil) y lo ha convertido en prime time. Sabemos cómo habla el susodicho, dónde vive, que tiene una abuela, que "losiente", que "estaba borracho", que sonríe de medio lado. Y lo que es mejor, que está dispuesto a contarlo todo en un plató de televisión.Incluso en un alarde pantojil, sale y entra de los juzgados por el parking, evitando a los medios de comunicación, y dejando que su cuadrilla le grabe con móvil para vender esas imágenes (que encima lascomprarán).
Son los nuevos héroes. Un tío entra en un metro, y la emprende a tortas con una pasajera. Eso le ha bastado para confirmarla máxima de Warhol. Lo mejor ha sido los subdebates que se hanestablecido (al margen sobre la culpa de la sociedad). Se han preocupado tanto, que incluso han asomado la cabeza los ministros del ramo. E incluso alguna mandamás ecuatoriana -que pasaba por allí- y que pide que se tomen medidas ejemplares (supongo que debería tambiénpreocuparse de que sus compatriotas no tengan que malemigrar primero, pero eso será secundario).
Pero hay una figura en ese vídeo quetambién ha recibido lo suyo. Es el chaval de los cascos. La gente le señala, dicen "¿por qué no la defendió?". Es cierto, el pobre mirabahacia otro lado mientras trataba de recordar cómo empezaba el padrenuestro, no siendo que al pastillero le sobrasen guantazos. Pero yo me pregunto ¿Y tú qué hubieses hecho?.
Necesitamos héroes. Héroes que en un metro digan a una cuadrilla que bajen los pies del asiento. Héroes que se levanten y cedan su sitio a otra persona. Héroes que no corren para coger un ascensor y te dan con la puerta en las narices. Héroes que dejan pasar primero. Héroes que pidan al niñato que si quiere oír reggeton en su móvil se ponga cascos.
Son héroes menos espectaculares. Pero no abundan. Yo no los veo. Y los mismos que se ponen la capa ante el televisor, y enervan una charla conel "yo le hubiese dicho..." agachan la cabeza, o miran hacia otro lado con cosas como las del párrafo anterior.

Es una pena. Luego lamentamos la muerte de un chico que entró a mediar en una discusión de pareja y recibió un puñetazo y un pasaporte para la funeraria ("eso le pasa por meterse" dirán los que antes censuraban al de los cascos). Era valenciano, creo. No recordamos su nombre. Apenas si vimos un poco su historia. Está criando malvas, mientras que el chico del tren sigue sonriendo de medio lado, toma una caña junto a sus colegas, y menea sus vaqueros descoloridos por la plaza de su barrio mientras deja tras de él la estela de humo de su cigarro.
Héroes...



